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La biotecnología moderna y el desarrollo farmacéutico tradicional tienen mucho en común. Por ejemplo,
comparten el objetivo de desarrollar sustancias capaces de curar o prevenir enfermedades. Para lograrlo,
ambos se basan en los descubrimientos recientes de la biología. A la mayoría de los pacientes les es
indiferente que un fármaco se obtenga por medios biotecnológicos o químicos. Lo fundamental es que sea
eficaz. Sin embargo, si se consideran más detenidamente, entre estos dos tipos de productos farmacéuticos
hay diferencias muy importantes.
Casi todos los fármacos tradicionales
son moléculas pequeñas. Suele tratarse de compuestos orgánicos relativamente sencillos que contienen
unos pocos grupos funcionales. Sin embargo, las proteínas terapéuticas, que constituyen el grupo más
amplio de productos biofarmacéuticos, son harina de otro costal.
La mayoría
de ellas son mensajeros químicos, enzimas o, especialmente en los últimos tiempos, anticuerpos monoclonales.
Algunas están presentes de forma natural en el organismo. Por ejemplo, muchos productos biotecnológicos
utilizados desde hace tiempo, como la insulina y la eritropoyetina, son mensajeros químicos naturales.
Ahora, estas moléculas pueden sintetizarse en células genéticamente modificadas que poseen la información
genética con la que producir la proteína humana. |
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