En la actualidad se dispone de varios tratamientos para la AR. Algunos van dirigidos
a mejorar los síntomas y otros modifican la evolución de la enfermedad. Sus objetivos son aliviar el
dolor, reducir la inflamación y frenar la progresión de las lesiones y la discapacidad.
Estos
tratamientos comprenden:
Antiinflamatorios no esteroides (AINE): Tratan
los signos y síntomas de la AR, como el dolor, la tumefacción y la inflamación, pero no modifican la
evolución de la enfermedad ni frenan la destrucción articular.
Corticosteroides (glucocorticoides):
Son antiinflamatorios relacionados con el cortisol - esteroide
producido de forma natural por el organismo
-
que combaten la inflamación.
Antirreumáticos modificadores de la enfermedad (ARME)
tradicionales: Alivian los síntomas y retrasan la progresión, con lo que ayudan a mantener a raya la
AR. Aunque a menudo mitigan eficazmente los síntomas, en muchos pacientes no logran suscitar una respuesta
suficiente. Es frecuente combinarlos entre sí o con un producto biológico para mejorar dicha respuesta.
Productos
biológicos/modificadores de la respuesta biológica (MRB): Son fármacos genotecnológicos dirigidos contra
moléculas específicas del sistema inmunitario denominadas citocinas
o contra los linfocitos T o B. Entre
las citocinas que son objetivo de los productos biológicos se cuentan el factor de necrosis tumoral
(TNF) y la interleucina 6 (IL-6).
Tratamiento selectivo contra los linfocitos B:
El tratamiento biológico más reciente es un anticuerpo terapéutico dirigido selectivamente contra los
linfocitos B. Se ha identificado a estas células como una diana novedosa para el tratamiento de la AR,
ya que desempeñan un papel clave en la cascada inflamatoria de la enfermedad.